Gerard Adriaan Heineken solo tenía 22 años cuando compró la cervecería Haystack. Su ambición era crear una «cerveza para caballeros» en una ciudad donde reinaba la ginebra. En 1867, trasladó sus instalaciones a Stadhouderskade, donde construyó el edificio de ladrillo rojo que aún hoy se conserva. Esta decisión convirtió a la marca de una empresa artesanal local en una potencia industrial profesional.